Reseña histórica

a. Periodo Pre fundacional.

La historia del Instituto Nacional se inicia formalmente el 10 de agosto de 1813, fecha de su solemne apertura, pero sus orígenes históricos se remontan muchos años atrás.

Los primeros establecimientos educacionales de nuestro país fueron fundados a fines del siglo XVI por las congregaciones religiosas, entre las que destacan los jesuitas y los dominicos. En dichas escuelas, mantenidas bajo el alero de conventos y monasterios, se enseñaba a leer y escribir, rudimentos de aritmética y por supuesto, nociones básicas de catecismo.

El antecedente más antiguo del Instituto Nacional se encuentra en el Convictorio de San Francisco Javier, fundado por la Compañía de Jesús el año 16081. Dicho establecimiento educó durante los primeros años de la colonia a generaciones de santiaguinos y criollos de todo el territorio nacional, entre los que podemos destacar al Abate Juan Ignacio Molina y al Padre Alonso de Ovalle. En 1622 la orden dominica funda la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, que se convierte en la primera universidad de Chile y en la novena de América. En esta universidad se formaron los primeros bachilleres chilenos, hasta su desaparición a mediados del siglo XVIII.

El año de 1758 marca un hito en la educación colonial, pues gracias a las gestiones del Cabildo de Santiago se funda la Real Universidad de San Felipe, la primera institución de educación superior que forma parte del Estado y no de una orden religiosa, y que jugó un rol fundamental en el proceso independentista latinoamericano de medio siglo más tarde, pues en ella se educaron no solo criollos chilenos, sino que también de otras provincias del cono sur.

En 1767 el Rey Carlos III decreta la expulsión de los jesuitas de los dominios del Imperio Español2; nuestro país no queda exento y los religiosos de la Compañía deben abandonar Chile y partir al exilio. Entre ellos va Alonso de Ovalle, quien terminaría en Roma su monumental “Relación Histórica del Reyno de Chile”. Los bienes de la orden son requisados y se forma en 1769 una junta de aplicación, para resolver que uso darle a los bienes requisados.

En 1772, y ante la crisis educacional generada por la expulsión de los religiosos jesuitas, que administraban buena parte de la educación colonial, la junta decide el día 14 de julio fundar un nuevo colegio sobre la base del Convictorio de San Francisco Javier, el que recibe el nombre de “Real Seminario de Nobles de San Carlos”, en homenaje al Rey Carlos III. El 7 de agosto del mismo año fueron aprobados los estatutos de dicho colegio, estableciéndose su nombre definitivo: “Convictorio Carolino” y su patronazgo: “San Carlos”. Sobre la puerta del colegio se ubicarían las armas reales y los colegiales podrían llevar el distintivo de la corona real.

Pese a las buenas intenciones, el decreto que ordenaba su apertura fue recién despachado el 30 de marzo de 1778, y la ceremonia de apertura se celebró el 10 de abril del mismo año, con una gran ceremonia, a la que asistieron las principales autoridades de la época, encabezadas por el Gobernador, Capitán General y Presidente de la Real Audiencia, Agustín de Jaúregui. Su primer Rector fue don Gabriel de Egaña, padre de don Juan Egaña.

En las aulas del Convictorio se formaron personajes como José Miguel Carrera, Manuel Rodríguez, Francisco Antonio Pinto, Manuel Pérez de Cotapos y Diego Portales, quien luego pasó al Instituto Nacional.

A principios del siglo XIX el estado de la educación era preocupante, la Real Universidad de San Felipe se encontraba en franca decadencia y lo mismo ocurría con los colegios coloniales, el Convictorio contaba con solo 16 alumnos inscritos, al igual que el Seminario Conciliar, que tenía una cifra similar; Manuel de Salas, preocupado de la crisis educacional, había fundado la Academia de San Luis, pero su situación también era precaria, pues solo contaba con 40 alumnos inscritos.

b. Fundación del Instituto Nacional.

A raíz de los acontecimientos de 1810, numerosos intelectuales patriotas ven una oportunidad para emprender acciones concretas para recuperar la precaria educación chilena. Uno de los primeros es presentar proyectos es don Juan Egaña, quien en agosto de 1810 terminó de redactar su Memoria o Plan de Gobierno, con el propósito de presentarlo ante el Cabildo Abierto del 18 de septiembre.3 En dicho documento don Juan señala que la “gran obra de Chile debe ser un gran colegio de artes y ciencias, en donde se imparta una educación civil y moral capaz de dar costumbres y carácter”4, a lo que agrega que “este colegio necesitará de grandes fondos: deben sacrificárseles si pensamos ser hombres”.

En 1811, don Manuel de Salas, otro ilustre patriota, envía un oficio a la Junta de Gobierno, fechado el día 20 de febrero, en donde propone fundar un gran colegio, que fusione al menos dos de los cuatro establecimientos de la época, el Convictorio y la Academia de San Luis, fundada por él años atrás. La Junta pide informe al Rector del Convictorio, quien se muestra contrario al proyecto, por lo que éste no prospera.

El 4 de julio de 1811 se forma el primer Congreso Nacional, aún leal al Rey de España cautivo; la mayoría en dicho Congreso no es favorable a la causa patriota, los diputados realistas y moderados controlan la cámara, por lo que los proyectos avanzan lentamente. Esta situación empezaría a cambiar el día 4 de septiembre, cuando José Miguel Carrera dirige un Alzamiento o Golpe de Estado, y logra que se forme una mayoría moderada y no realista, conformada principalmente por los integrantes de la familia Larraín, conocidos como “los ochocientos”. El 24 de octubre del mismo año, Juan Egaña diserta ante el Congreso exponiendo la necesidad de fundar un establecimiento educacional. En el acta se consignó que “El doctor don Juan Egaña, catedrático de retórica y secretario del tribunal de minería leyó una disertación sobre la educación que convenía establecer para hacer comunes las virtudes útiles al Estado; y, después de recibir la aprobación de todos los concurrentes, se acordó que se conservase y se buscasen los medios de darla (a conocer) al público”.

A comienzos de 1812 Carrera disuelve el Congreso Nacional y asume el mando de la nación, como primer Jefe de Estado chileno, dando inicio a una serie de obras, largamente postergadas y retardadas tanto por el bando moderado como por los diputados realistas, y por el clero de la misma corriente, que usaba su influencia para retardar el proceso independentista. El 13 de febrero de 1812 ve la luz el primer periódico nacional, la “Aurora de Chile”, bajo la dirección de Fray Camilo Henríquez. En dicho periódico, Fray Camilo Henríquez publica el día 18 de junio de 1812 el “Plan de Organización del Instituto Nacional de Chile, escuela central y normal para la difusión y adelantamiento de los conocimientos útiles”.6 En dicho plan, el fraile describe con prolijidad el proyecto de nuevo Instituto, dictando su misión: “El gran fin del Instituto es dar a la Patria ciudadanos que la dirijan, la defiendan, la hagan florecer y le den honor” y describiendo con lujo de detalles los proyectos para las cátedras que habrían de dictarse en el novel Instituto. El plan termina de publicarse en la edición del 25 de junio del mismo año. Pese al notable trabajo de Henríquez, no se logra concretar la creación del Instituto Nacional idealizado, por lo que el fraile escribe en la Aurora el 19 de noviembre: “¡Aún está sin establecerse el Instituto Nacional, aprobado por las autoridades constitutivas, y su falta es cada día más sensible!”.

Carrera, como Presidente de la Junta Gubernativa, se avoca a la tarea de revisar el estado del Convictorio Carolino, y buscar la fórmula más adecuada para financiar los gastos educacionales –entre otros gastos urgentes-, pero su trabajo se ve interrumpido por un suceso fatal para el autogobierno de la Patria Vieja, En marzo de 1813 desembarcan en Talcahuano y toman posesión de Concepción tropas hispanas, llegadas desde el Virreinato del Perú, al mando del Brigadier Antonio Pareja, quien envía un ultimátum al gobierno en Santiago. La rendición del Gobierno o la guerra. Carrera toma una decisión y sella el futuro de Chile. “Tantas obras hemos conseguido en tan poco tiempo, y las vamos a perder ante el primer ejército hispano que pisa el territorio”. La guerra es inminente, porque la respuesta desde Santiago es que las tropas hispanas deben ponerse bajo sujeción de las autoridades de Santiago, o de lo contrario serán tratadas como enemigas. Carrera nombra una Junta en su reemplazo y en abril de 1813 marcha al sur a dirigir los ejércitos patriotas, dando comienzo a las guerras de Independencia, que se prolongarían hasta 1823.

Mientras en el sur se suceden las batallas de San Carlos, Yerbas Buenas, Talcahuano, en la capital se sigue buscando una fórmula para abrir el Instituto Nacional. El primero de junio los señores Pérez, Infante y Eyzaguirre –integrantes de la junta gubernativa de la soberanía del Reyno- designan una comisión educacional formada por don Juan Egaña, don Juan José Aldunate y don José Francisco Echaurren, Rector del Convictorio Carolino, a fin de acelerar la instalación del Instituto Nacional. Finalmente, la fórmula es hallada y el 27 de julio se reúnen en la sala del gobierno los integrantes de la Junta Ejecutiva, del Senado y del Cabildo de Santiago y fundan el Instituto Nacional civil y eclesiástico, que “reunirá a las diversas casas de estudio de la capital”. Firman el acta de fundación Francisco Antonio Pérez, José Miguel Infante, Agustín de Eyzaguirre, Camilo Henríquez, Juan Egaña, Francisco Ruiz-Tagle, Joaquín de Echeverría y Mariano Egaña, quien actuó de secretario.

El 10 de agosto de 1813 se llevó a cabo en la sala del Museo de la Real Universidad de San Felipe (ubicada en el solar que ocupa en la actualidad el Teatro Municipal), la solemne apertura del Instituto Nacional. Asistieron las autoridades de gobierno y los vecinos más importantes de Santiago.

El acto comenzó pasadas las nueve de la mañana, con el canto de un Himno compuesto por Bernardo de Vera y Pintado, en homenaje a la creación del Instituto Nacional, y cuyo coro decía “La Patria nos convoca, con noble y suave voz, a rendir a las ciencias, el merecido honor.”

Tras ello, dirigió unas palabras a los presentes Mariano Egaña, a nombre del Gobierno, y luego realizó un discurso el Rector José Francisco Echaurren, tras lo cual se dio lectura a las constituciones del Instituto, para dar por terminada la ceremonia.

Una vez concluido el acto, los presentes se dirigieron en procesión a los antiguos claustros del Colegio Carolino, ubicados en el solar que hoy ocupa el Congreso Nacional, en Compañía con Morandé, y realizaron una misa para agradecer por la fundación del colegio, y rezar por el progreso de las guerras de independencia.9
Las clases se iniciaron de forma irregular, y con los problemas propios de un país en guerra, pero pese a los inconvenientes y a la precaria situación, el Instituto pude seguir adelante. Entre los primeros alumnos del Instituto destacan Manuel Bulnes Prieto y José Joaquín Pérez, futuros Presidentes de la República, y Diego Portales, futuro Ministro de Estado.

Lamentablemente el Instituto no funcionaría por mucho tiempo. El 2 de octubre de 1814 las fuerzas hispanas triunfan de forma definitiva en Rancagua, iniciándose una emigración masiva de patriotas hacia Mendoza. Carrera cubre con las pocas tropas sobrevivientes la retirada de los patriotas, librando la batalla de Los Papeles, último enfrentamiento de la Campaña de la Patria Vieja. El 6 de octubre Mariano Osorio hace ingreso a Santiago, dando comienzo al periodo histórico conocido como la Reconquista.

De inmediato, los realistas apuntan sus dardos hacia el Instituto, pidiendo su clausura, la que es concretada por Osorio el 17 de diciembre, por medio de un famoso decreto, cuyas primeras palabras son “suprímase el Instituto Nacional inventado por el gobierno intruso…”

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Tras las victorias de Chacabuco y Maipú, la Independencia de Chile queda consolidada, y empiezan a alzarse voces pidiendo la reapertura del Instituto Nacional.

El 12 de noviembre de 1818, el Senado pide al Director Supremo Bernardo O’Higgins la pronta reapertura del Instituto Nacional “bajo las mismas reglas y constituciones con que se fundó en 1813”. O’Higgins responde vía oficio avisando que decidió desalojar el cuartel Nº7, a fin de readecuarlo para las nuevas dependencias del Instituto.

Pese a las buenas intenciones y el deseo generalizado de reabrir el Instituto, se siguen suscitando dificultades, las que se van resolviendo de a poco. El 3 de julio el Senado envía una proclama dirigida a los padres de familia, llamando a educar a sus hijos en el Instituto Nacional, pronto a su reapertura.

Finalmente, la reapertura del Instituto se llevó a cabo durante la mañana del 20 de julio del mismo año. La ceremonia se inició con una Misa de Acción de Gracias en la Catedral, para luego dirigirse las autoridades de gobierno, presididas por O’Higgins, hacia la Casa del Instituto, ubicada en la calle Catedral, entre Bandera y Compañía, mismo local ocupado en 1813. Asumió la Rectoría el presbítero José Manuel Verdugo.

c. Reformas del siglo XIX.

Los primeros años del Instituto fueron de grandes apuros económicos. El Instituto era en sus primeros años de vida un verdadero colegio colonial. Durante los tres primeros rectorados –José Francisco Echaurren, José Manuel Verdugo y Manuel Frutos Rodríguez– el colegio mantuvo la misma dinámica de los viejos colegios, así como los planes, programas y metodologías. En 1823 Juan Egaña, y su hijo Mariano intentaron sim gran éxito reformar los programas y metodologías.

En 1826 asume el primer Rector civil del colegio, Carlos Ambrosio Lozier, académico de origen francés que intentó desarrollar medidas innovadoras, buscando asemejarse a los esquemas liberales imperantes en Europa, pero el clima no fue propicio para las reformas, y el Rector Lozier debió renunciar a su cargo. Sus ideas calaron hondo en muchos jóvenes, quienes habrían de tomar parte en 1828 del gran movimiento liberal. Entre ellos destacan Ventura Marín y Melchor José Ramos.

Durante estos años el Instituto ocupaba un lugar preferente en las preocupaciones de los gobernantes de la época, Presidentes como Francisco Antonio Pinto incluso asistían a almorzar con los alumnos más destacados, y a solemnizar con su presencia los exámenes finales.

En 1829 arriba a nuestro país el sabio venezolano Andrés Bello13, proveniente de Inglaterra. Junto a la llegada de Bello, la década del 30’ ve el arribo de sabios como Antonio de Gorbea e Ignacio Domeyko, contratados por el gobierno para el desarrollo de la educación.

En 1832 se aprueba un nuevo plan de estudios, elaborado por el joven catedrático Manuel Montt, y por Ventura Marín y Juan Godoy.
Guillermo Blest Gana crea los estudios de ciencias médicas en el Instituto.
En 1835, el Seminario es separado de forma definitiva del Instituto Nacional. De esta forma, los estudios religiosos quedan separados de los civiles.

Entre 1835 y 1845 el Instituto es dirigido por los Rectores Manuel Montt, Francisco Puente y Antonio Varas. Durante el rectorado del primero, se siguieron fortaleciendo las diferentes cátedras, que preparaban a los estudiantes para los diversos oficios. En 1839 se funda una sociedad literaria, la segunda en la historia del plantel, que es considerada como la precursora del gran movimiento intelectual de 1842. De esta sociedad, se desprendería al poco tiempo una de historia, que mantuvo una gran actividad al interior del colegio. Manuel Montt nombra al joven profesor de filosofía Antonio Varas como Vicerrector. En 1840 Montt deja la rectoría para asumir el Ministerio del Interior.

Con el nombramiento del presbítero Puente, se vuelve a dar importancia a la formación religiosa, así como al castellano y las matemáticas.

1842 es un año trascendental para la cultura chilena, pues ese año se produce un importante movimiento intelectual, bajo la influencia de José Victorino Lastarria, en ese entonces profesor del Instituto. Asimismo, ese año se funda la Universidad de Chile, que bajo la rectoría de Andrés Bello se convertiría con los años en una de las instituciones formadoras de la República.

El Rector Puente renuncia en 1842, asumiendo en su reemplazo el joven Vicerrector Antonio Varas. Durante la rectoría de Varas se aprueba la construcción de un nuevo edificio para el colegio en la manzana de Alameda, San Diego Vieja y Nueva, que en aquel entonces no era una manzana propiamente tal, pues al no existir la actual calle Alonso de Ovalle las construcciones existentes colindaban con chacras y potreros. La construcción del nuevo recinto institutano es encomendada al arquitecto Juan Herbage, y tiene un coste total de $250.000.

En 1845 Antonio Varas deja la rectoría, dejando un legado de transformaciones en el plantel.

A partir de dicho año, Francisco de Borja asume la rectoría, debiendo enfrentar durante su rectoría diversos desórdenes estudiantiles, liderados por algunos estudiantes revolucionarios que años más tarde ocuparían importantes cargos en los gobiernos liberales. Funciona ya la “sociedad de la igualdad”, antecedente remoto del actual Centro de Alumnos, en la cual participaron personajes como Benjamín Vicuña Mackenna, Francisco Bilbao y Santiago Arcos.
Finalmente en 1850 el Instituto deja el colonial edificio de calle Catedral y se instala en sus nuevas dependencias de calle San Diego. Se trata de un edificio de dos niveles, de adobe y madera, con cuatro patios principales y numerosas salas y habitaciones. Se deja sin construir el frontis, por calle Alameda, pues allí se construiría años más tarde el “Palacio Universitario”, actual Casa Central de la U. de Chile.

En 1852 asume la rectoría el presbítero Manuel Orrego. Durante su breve rectorado se establecen dos secciones, una universitaria y otra secundaria. Al igual que su predecesor debe lidiar con las insubordinaciones estudiantiles, las que finalmente le obligan a renunciar en 1853.

Antonio Ramírez, abogado, pero por vocación pedagogo de matemática, se hace cargo de la conducción del Instituto hasta 1856, contando con la ayuda del Vicerrector Santiago Prado, gran conocedor de los problemas inherentes a un establecimiento del tamaño del Nacional. Durante su administración se incorporan notables educadores, como Rodulfo A. Philippi, profesor de botánica y gran naturalista, o Miguel Luis Amunátegui, uno de los más destacados historiadores chilenos.

En 1856 asumió la rectoría Santiago Prado, quien a la fecha tenía tan solo 29 años de edad. Una de sus primeras preocupaciones es dotar al colegio de una biblioteca a la altura del primer establecimiento de la República, recibiendo apoyo de parte del Presidente Montt. En 1857 se funda la biblioteca del Instituto Nacional, siendo su primer bibliotecario Manuel José Olavarrieta, quien años más tarde se convertiría en Rector.

En 1863 asume la rectoría Diego Barros Arana, el impulsor de una de las reformas más importantes del siglo XIX.

Una de sus preocupaciones más importantes fue modernizar la enseñanza institutana, para lo cual dictó al año siguiente de llegar al cargo un nuevo reglamento para los estudios científicos, enfocados más en la experimentación y en la práctica, que en la memorización de contenidos. Para ello fue necesario construir ‘gabinetes’, el equivalente a los laboratorios modernos, y dotarlos de instrumentos para la experimentación.
En 1863 se inicia bajo la dirección de Fermín Vivaceta la construcción del ‘Palacio Universitario’, actual Casa Central de la Universidad de Chile, según los diseños de Lucien Hénault, arquitecto francés contratado por el gobierno. Una vez inaugurada la sede universitaria, parte de las oficinas de la sección universitaria del Instituto se trasladarían al nuevo edificio.

En 1872 se produce el llamado conflicto de la ‘libertad de exámenes’. Hasta la fecha, los exámenes finales de los cursos debían rendirse en los establecimientos fiscales, sin embargo, Abdón Cifuentes promulgó un decreto que permitía a cualquier colegio tomar dichos exámenes, lo cual produjo un enfrentamiento entre el Rector del Instituto y las autoridades de gobierno. Dicha libertad fue aprovechada por algunos colegios que empezaron a aprobar a alumnos sin los conocimientos necesarios, generándose incluso ‘tarifas’ para aprobar los exámenes en algunos planteles privados. Producto de esto, el decreto debió ser derogado a dos años de su promulgación, y Abdón Cifuentes, interpelado por el legislativo, debió renunciar a su cargo al no sentirse respaldado por el Presidente Errázuriz. Paralelamente el gobierno había nombrado a Camilo Cobo como Rector, pero ejerció su cargo solo durante 1872, incapaz de imponer el orden en el Instituto.

Las consecuencias de este conflicto fueron varias, en primer lugar fue causa de un conflicto entre liberales y conservadores, antesala de los problemas más graves que enfrentarían años más tarde a ambos grupos políticos, en segundo lugar, que la toma de los exámenes finales continuó en manos de los liceos fiscales, o de una comisión nombrada por el Consejo Universitario, y tercero, se produjo el traspaso definitivo del rol docente de la sección universitaria a la Universidad de Chile.

d. Consolidación institucional y primer centenario.

En 1872, tras la renuncia de Camilo Cobo, asumió la rectoría Uldarico Prado. Su rectorado fue breve, pero logró recuperar la disciplina y el orden interno, en un establecimiento sacudido por las protestas.
Además, impulsó el desarrollo de las clases de gimnasia, y el higiene al interior del plantel, además de gestionar que la Biblioteca fuese declarada como pública por medio de un decreto.

En 1875 asume la rectoría Ignacio Zenteno. De su brevísima rectoría se destaca su petición de crear un nuevo liceo en la zona norte de Santiago, debido a que el Instituto había alcanzado su máxima capacidad. Esta idea se materializó en 1888 con la fundación del Liceo de Santiago, actual Valentín Letelier.

A fines de 1875 Zenteno renuncia debido a que es nombrado Ministro de Guerra y Marina, asumiendo en su reemplazo Manuel José Olavarrieta, quien años antes había ejercido como director de la biblioteca. El 19 de mayo de 1876 finalmente la biblioteca institutana es declarada pública por medio de un decreto. En 1872 se suprime el latín como curso obligatorio, quedando como curso optativo, junto al francés y el inglés.

En 1879 asume la rectoría Miguel Varas, correspondiéndole aplicar la ley de reforma de la enseñanza, con nefastos resultados en la disciplina, por lo que debe renunciar en 1880.

Asume la rectoría Manuel Amunátegui, quien debe afrontar un difícil periodo para la vida del plantel, debido a la aplicación de la ley de reforma de la enseñanza, que incluyó la creación por primera vez de cursos de preparatorias, además de las repercusiones de la guerra del Pacífico, debido a que muchos institutanos se enrolaron en el ejército, disminuyendo la población escolar.

No obstante lo anterior, el periodo de Amunátegui es prolífico en obras, dándose un gran impulso en mejorar la infraestructura del plantel e incrementar el volumen y calidad del material didáctico escolar.
Además, inició las gestiones para adquirir la antigua Iglesia de San Diego, ubicada en Alameda con Prat, para hacer funcionar en ella la biblioteca institutana. En 1884 se iniciaron los trabajos de adaptación del inmueble, los cuales se concluirían en 1888, ya en la rectoría de Juan Espejo.
En 1886 Amunátegui deja la rectoría, asumiendo en su reemplazo el joven Juan Nepomuceno Espejo, quien tenía tan solo 27 años de edad.

Durante los primeros años de la rectoría de Espejo se comenzó la aplicación del sistema concéntrico de enseñanza, consistente en que en los diferentes cursos se debe comenzar por los contenidos más básicos y elementales, para en los cursos subsiguientes ir “ensanchando” la esfera de conocimiento, al pasarse a los contenidos más complejos y específicos. Pese a que inicialmente fue resistido, terminó finalmente imponiéndose, y es utilizado hasta la actualidad en el sistema escolar chileno.

En 1891 se produce un breve paréntesis en la rectoría de Espejo, debido a que por sus simpatías por el bando congresista o de los sublevados es expulsado del cargo durante el desarrollo de la guerra civil chilena, siendo restituido tras la derrota del Presidente Balmaceda.

En 1899 el Instituto pierde una quinta que tenía en las cercanías del parque Cousiño, y que era destinada a la extensión deportiva, quedando en manos de la Escuela Militar, la cual construye en ella un Estadio.

En 1902 se separa la sección internado del Instituto, naciendo el Internado Nacional. Este colegio es establecido en un amplio local en Quinta Normal, y su cuerpo docente se forma con antiguos profesores del Instituto. En 1907, a raíz del deceso del ex Rector del Instituto Diego Barros Arana, se le coloca su nombre al nuevo establecimiento en recuerdo del destacado educador.

En vísperas del primer centenario del plantel, se hacía necesario contar con un Himno, debido a lo cual el Rector Espejo autoriza al profesor Ismael Parraguez a efectuar un concurso interno para la creación de un nuevo Himno Institutano, que reemplazara al primer Himno que databa de la fundación del colegio, pero que ya se encontraba obsoleto. A fines de 1812 se realiza el concurso, eligiéndose los versos compuestos por Eduardo Moore, más dos estrofas, una del propio profesor Parraguez, y otra de Pascual Baijes, un alumno de nacionalidad española. La música fue compuesta por el profesor Parraguez, y el Himno fue interpretado por primera vez durante las fiestas del centenario, por un coro mixto.
Durante la rectoría de Espejo la Biblioteca del Instituto había logrado grandes avances, constituyéndose en una de las más importantes a nivel sudamericano.

En 1913 se celebran las fiestas del centenario. Se remodela el Patio Jardín, de acuerdo al diseño paisajístico del profesor Carlos Ramírez, y se mejoran los gabinetes de ciencias y ramos técnicos, además del gimnasio, el cual es uno de los más modernos de la época.

El 10 de agosto se lleva a cabo una velada en el Teatro Municipal, en donde un coro mixto interpreta por primera vez el actual Himno Institutano, y en donde el Rector Espejo pronuncia uno de sus más famosos discursos.

e. Primera mitad del siglo XX.

El 10 de septiembre de 1926 fallece el Rector Juan N. Espejo, tras trabajar 45 años en el Instituto Nacional, 40 de ellos en calidad de Rector. Al año siguiente de su deceso se inauguró un busto de bronce, que aún se conserva en el frontis de calle Prat.

En reemplazo de Espejo asume la rectoría Carlos Mondaca, quien relaja un poco el régimen de estudio, disminuyendo la disciplina institucional. Le toca asimismo defender la biblioteca que el Presidente Pedro Montt donara a su alma mater escolar, la cual es traslada por disposición del Ministerio de Instrucción Pública hasta la Universidad de Chile. Tras la tragedia de Alpatacal, las fuerzas de la Escuela Militar desfilan por la Alameda, siendo saludadas por los alumnos y docentes del plantel, pero sin provocación alguna Carabineros agrede a los estudiantes, reaccionando de forma enérgica el Rector, y protestando ante el oficial a cargo.

En 1928 fallece el Rector Mondaca, asumiendo en su reemplazo Ulises Vergara. Al poco de asumir la rectoría, le toca afrontar uno de los mayores crímenes culturales cometidos en nuestro país: a fines de enero de 1929, el Ministro de Instrucción Pública de la dictadura de Ibáñez, Pablo Ramírez ordena de forma verbal demoler el edificio de la Biblioteca del Instituto Nacional, para construir en el terreno una piscina, la cual nunca se construyó. Pese al rechazo enérgico del Rector, la orden se consumó y el Instituto pudo retener una parte ínfima de los libros, repartiéndose el resto entre la U. de Chile, la Biblioteca Nacional y otras instituciones educacionales, y un número no menor de textos quedó botado en la calle, dando comienzo a los puestos de libreros que hasta el día de hoy subsisten en San Diego.

En esos años el profesor Isidoro San Martín organiza el coro del Instituto Nacional, cuya primera presentación se efectuó en 1931.

A comienzos del año docente de 1936, y gracias al trabajo del profesor César Bunster, y el Bibliotecario Ernesto Boero Lillo, nace el Boletín del Instituto Nacional, la publicación institutana más recordada, y que constituye un nexo entre pasado y presente, registrando los acontecimientos más relevantes de la vida institucional. Ese mismo año, en diciembre, fallece el profesor de matemática Manuel Aguilera, quien legó su casa habitación a una fundación, con el objeto de “premiar al mejor institutano de cada generación”. El premio se ha continuado entregando hasta nuestros días.
En 1938 nace el Centro de Ex Alumnos, que al poco tiempo consigue un comodato sobre un predio del balneario de El Tabo, en donde se construye un refugio escolar para uso de los alumnos del colegio.

En 1940 nace ALCIN, la Academia de Letras Castellanas, organización formada por profesores y estudiantes del colegio, semillero de talentos literarios, muchos de los cuales alcanzaron altas distinciones, como por ejemplo el Premio Nacional de Literatura.

Durante la Presidencia de Pedro Aguirre Cerda –antiguo profesor del colegio–el Rector Vergara es convocado para ser Ministro de Educación durante seis meses, tiempo en el cual el profesor Carlos Ramírez subrogó la Rectoría.
En 1954 asume la Rectoría Antonio Oyarzún Lorca, quien de inmediato se hace cargo de remozar salas y oficinas. En 1956 el Congreso Nacional aprueba un proyecto de ley presentado por el Senador y ex alumno Ángel Faivovich, que otorga medios económicos para dotar al colegio de un nuevo edificio. Entre 1957 y 1958 se realizaron trámites, y luego de un gigantesco concurso público internacional, con más de 103 concursantes, resultó ganador el proyecto del arquitecto José Llambías, destacado profesional, autor del gimnasio techado “la tortuga de Talcahuano”, entre otros proyectos arquitectónicos.

En 1958 fallece el Ex Rector Ulises Vergara.

El año 1960 la familia Goycolea dona seis hectáreas en el sector de Vitacura para emplazar en ellas un campo deportivo para el Instituto Nacional. Las obras de habilitación de dicho campo deportivo se efectuaron en la década de los 80’.

Ese mismo año se inician las obras del nuevo edificio del Instituto Nacional, para ello fue necesario demoler el antiguo edificio. Primero se demolió el sector de San Diego, para poder construir allí las aulas de las preparatorias, mientras en el sector del antiguo edificio que daba a calle Arturo Prat continuaban las clases. Una vez inaugurado el sector de calle San Diego, se iniciaron las clases en las nuevas aulas, mientras la picota derribaba el sector de calle Prat.

La construcción del actual edificio supuso un inmenso desafío no tan solo de ingeniería, sino que también de logística y planificación, dado que el proyecto se fue ejecutando por etapas, y debido a que era preciso continuar impartiendo clases.

En 1961, por disposición del Ministro de Educación Eduardo Moore –exalumno y autor del himno institutano– se establece un uniforme escolar único para todos los establecimientos de Chile. Hasta esa fecha los colegios particulares poseían uniformes diversos, mientras que los liceos fiscales no poseían uniforma, de este modo, se buscaba igualdad entre los estudiantes de todo Chile. Desde entonces, el uniforme oficial del Instituto Nacional corresponde a un pantalón gris y chaqueta color azul piedra, con la insignia adherida sobre el bolsillo izquierdo.

f. Sesquicentenario.

En 1963 el colegio celebra sus 150 años de vida.

En 1968 el Presidente Eduardo Frei Montalva, acompañado de su Ministro de Educación Máximo Pacheco –ex alumno–, inauguró de forma oficial el año escolar en el nuevo edificio del Instituto Nacional. El sector habilitado correspondía al actual sector 1. Ese mismo año una reforma educacional reordenó el curriculum nacional, y dividió a la educación en básica y media, la primera con una duración de 8 años, y la segunda 4. El Instituto quedó organizado con 4 cursos de básica y 4 de media. Los estudiantes ingresaban a quinto básico y egresaban de cuarto medio.

En 1970 asume la rectoría el profesor Óscar Montedónico. En 1972 fallece Ernesto Boero Lillo, destacado bibliotecario, impulsor de la Academia de Letras y fundador y director del Boletín del Instituto Nacional, ese mismo año circula el último número de la primera época del Boletín, con un claro tono póstumo. Por expreso deseo de Boero Lillo, sus cenizas fueron enterradas en el “patio de profesores”, actual jardín japonés.

Durante el gobierno de Salvador Allende –ex alumno– se propuso un proyecto de ley para reorganizar la enseñanza nacional, conocido como la “Escuela Nacional Unificada (ENU), el cual buscaba agrupar la enseñanza en macrounidades vinculadas a los sectores productivos, pero fue retirado antes de su votación en el Congreso, a causa de la fuerte oposición de la derecha y el centro, agrupados en la Confederación Democrática (CODE).

Asimismo, durante dicho gobierno se modificó la Constitución, reforzándose el “Estado Docente”, desarrollado a partir del Presidente Pedro Aguirre Cerda.

g. Dictadura Militar y Municipalización.

El golpe de Estado de 1973 marca profundamente a nuestro país, y de igual forma a nuestro colegio. Muchos estudiantes y sus familias deben partir al exilio, o bien son detenidos por las fuerzas militares. Lo mismo ocurre con el cuerpo docente y funcionario del plantel.

Las organizaciones políticas son declaradas proscritas, o en receso, y se prohíbe toda forma de organización a los estudiantes y profesores. El Centro de Alumnos es declarado proscrito.

En 1975 es designado rector el profesor Luis Molina Palacios.

Tras la adopción de una nueva Constitución en 1980, la dictadura militar emprende la reorganización del Estado, de acuerdo a los principios jurídicos recepcionados por dicha carta fundamental. Uno de ellos es el rol subsidiario del Estado en la provisión de servicios y bienes públicos. En 1981 se inicia la primera etapa de la municipalización de la educación básica y secundaria; la mayoría de los establecimientos educacionales fiscales son traspasados a los municipios, descentralizándose la educación. En principio, se señaló que los “grandes liceos” no serían municipalizados, pero el 26 de mayo de 1986 el Ministro Sergio Gaete anunció que se completaría la municipalización de la enseñanza.17 De inmediato las comunidades educativas de los liceos afectados organizaron asambleas para analizar el impacto de esta medida, llegándose a conclusiones similares entre profesores, apoderados y estudiantes: había que rechazar la municipalización. Se inició un fuerte movimiento social, los estudiantes salieron a las calles y se registraron fuertes protestas y cientos de detenidos, mientras que el Colegio de Profesores convocó a un referéndum, en donde el 97% de los votantes rechazó la medida. La Asociación de Educadores interpuso un recurso de protección ante la Corte de Apelaciones, buscando impedir la ejecución de la municipalización.18 El 1º de junio, el CEPAIN y el Consejo de Profesores publicaron insertos en los principales diarios de la época, explicando su rechazo a la iniciativa del gobierno autoritario. Ninguno de estos esfuerzos dio resultados, y el 27 de julio se oficializó el traspaso de 55 establecimientos educacionales a la Municipalidad de Santiago, presidida en ese entonces por el Alcalde designado Carlos Bombal.19 El Rector Molina había manifestado su rechazo a la municipalización del Instituto Nacional, por lo que una vez efectuado el traspaso del Instituto a la Municipalidad de Santiago presentó su renuncia al cargo. Molina esperaba que el resto de la directiva también diese un paso al costado, respaldando su protesta, pero la Vicerrectora Olga Vivanco permaneció en su cargo. Meses más tarde sería designada como Rectora.

En 1988, para el centésimo septuagésimo quinto aniversario, Correos de Chile decidió homenajear al Instituto Nacional con una estampilla, convirtiéndose en el primer establecimiento escolar en recibir dicho homenaje filatélico.

h. Retorno a la Democracia.

Tras la recuperación de la democracia, asume la rectoría el profesor Sergio Riquelme Pinna, antiguo profesor del colegio, y quien es el encargado de recuperar la convivencia democrática, y adecuar al colegio a los nuevos tiempos que se viven. El 11 de mayo de 1990 el Presidente Patricio Aylwin –Ex Profesor de Economía y Educación Cívica del colegio– dicta el decreto Nº 524, que permite la organización democrática de los Centros de Alumnos. Hasta la fecha, sus directivas eran nombradas por dirección. De este modo el CAIN recupera su tradición democrática. Es preciso consignar que durante la década de los 80’, si bien los integrantes de la directiva del CAIN eran nombrados, a la larga terminaban trabajando junto a las fuerzas de oposición, y en conjunto el alumnado del Instituto se manifestaba por la recuperación de la democracia, las libertades y el término de la dictadura.

En recuerdo del Decreto Nº524, el 11 de mayo fue declarado el “día del alumno” en 1992.

Junto a la recuperación de la tradición democrática del CAIN, se reorganizan las Academias, muchas de ellas proscritas durante la dictadura militar. El ex alumno y actor Iván Torrealba empieza a dictar clases de teatro en el marco de un proyecto del CAIN, que rápidamente es apoyado por el rector Riquelme, naciendo la Academia de Teatro (ATIN), heredera de la histórica Academia Dramática que tuviera entre sus integrantes a la estudiante del Liceo 1 Michelle Bachelet, y que fuera cerrada tras el golpe de Estado.

Resurge la actividad cultural y académica, y se fundan nuevas academias como la de Periodismo (APIN), proyecto del profesor Artemio Palacios y del alumno Jorge González, hoy consagrado periodista deportivo.

En 1997 el gobierno del Japón dona al Instituto Nacional un conjunto de modernos medios audiovisuales.

En marzo de 1999 un voraz incendio destruye la Inspectoría General del sector 2, y la sala de computación del colegio.
En 2004 se inaugura el sitio web del Instituto Nacional www.institutonacional.cl, el Ministerio de Educación declara Monumento Nacional un conjunto de bienes pertenecientes al colegio, y por gestiones del Ministro de Educación Sergio Bitar –ex alumno del colegio– la Secretaría Regional de Educación desocupa el denominado sector 3, en el que se había instalado en 1975, dejando libres numerosos metros cuadrados para su utilización por la comunidad escolar.
Ese mismo año el rector Sergio Riquelme renuncia a la rectoría debido a problemas de salud, asumiendo el Vicerrector Omar Letelier Ramírez, profesor de historia y exalumno del Instituto.

El 13 de junio de 2005 se produce una breve toma del Instituto, que sería la antesala de la denominada “revolución pingüina” de 2006.

El viernes 19 de mayo de 2006 el Instituto votó iniciar una toma del establecimiento, enmarcada en el primer gran movimiento estudiantil secundario desde el retorno de la democracia, la llamada “revolución pingüina”. Las protestas se centraban en denunciar el pésimo estado de la educación pública, los defectos de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) y el déficit generado por la municipalización, además de otras medidas más concretas como la gratuidad del pase escolar y de la prueba PSU.

El año 2008 se produce nuevamente un movimiento al interior del plantel, esta vez en protesta por las pésimas condiciones de infraestructura, y una gestión académica deficitaria. Tras una prolongada toma, el Rector Omar Letelier renuncia a su cargo el 31 de julio y es nombrado en forma subrogante el profesor Jorge Toro, quien hasta esa fecha se desempeñaba como Director del Liceo Miguel Luis Amunátegui.24 Junto a Omar Letelier, también renunció Alejandro Donoso, Vicerrector y Domingo Antimán, Inspector General, quien fue hallado culpable a los meses siguientes de delitos tributarios y adulteración de instrumento público.

El año 2009 se materializan las primeras reparaciones en casi 35 al edificio del Instituto, reemplazándose los sistemas de electricidad, iluminación y cañerías, además de refaccionarse los baños que se encontraban en pésimo estado y asfaltarse el Patio de Honor. Ese mismo año se implementan nuevos idiomas como talleres optativos, además de las asignaturas tradicionales de Inglés y Francés.

En 2010 Chile celebra 200 años de la realización de la primera junta nacional de gobierno, verificándose numerosas actividades conmemorativas al interior del establecimiento.

En 2011 el idioma alemán regresa tras más de 30 años al currículum escolar, como asignatura obligatoria y electiva a partir de 1º medio.

El 6 de junio de ese año se inició la toma más prolongada de la historia del plantel, que se prolongaría hasta diciembre de dicho año, en el marco de las movilizaciones estudiantiles más importantes desde el retorno a la democracia.
El año 2013, en vísperas del bicentenario del colegio, se inició una nueva movilización escolar en contra de la administración del rector Jorge Toro, que tras un mes de toma derivó en la decisión de la alcaldesa Carolina Tohá de adelantar su retiro, nombrando en forma subrogante al profesor y exalumno Fernando Pérez como rector subrogante.25 Junto al rector Toro dejaron también la institución el vicerrector Raúl Blin, y los inspectores generales Pedro Castillo y Enilde Gil, además del director de informática Carlos Garcés y la directora de medios audiovisuales Patricia Acosta.

i. Bicentenario.

El 10 de agosto de 2013 el Instituto cumplió 200 años de vida, celebrándose con la tradicional ceremonia en el teatro municipal de Santiago, además de otras múltiples actividades conmemorativas. Ese mismo mes de realizó un claustro interestamental en donde representantes de los diversos estamentos de la comunidad académica debatieron en torno a la crisis que afecta al plantel, y presentaron sus inquietudes, delineando un curso de acción para su resolución, el que ha venido implementándose desde entonces.

Hoy, el Instituto se proyecta hacia su tercer siglo de historia como un establecimiento orgulloso de su pasado republicano, y su rol en la conformación de Chile como república, pero también consciente de los enormes desafíos que le depara el futuro, y que le exigen reformularse para seguir siendo un aporte permanente al desarrollo armónico e integral de Chile.

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